Viajes
Las islas secretas de Tailandia: un viaje a los archipiélagos que el turismo aún no ha encontrado
Última revisión: 2026-07-18
Escrito por Ricardo Dos Santos
Koh Mak sin motos, Koh Kood sin edificios altos, Koh Jum sin horarios: cinco islas donde Tailandia todavía vive al ritmo de los pescadores.
El instante en que Tailandia vuelve a quedarse en silencio
Hay un momento preciso, en el ferry que sale de Laem Ngop hacia Koh Mak, en el que el ruido se detiene. Las motos de Trat desaparecen, los carteles de 7-Eleven se esfuman con la costa, y solo queda el traqueteo del motor diésel y el olor a sal y caucho: Koh Mak todavía vive tanto de sus plantaciones de caucho como de sus playas. Ese cambio, más que cualquier playa de postal, es lo que buscan los viajeros que van más allá de Phuket y Koh Samui: un lugar que Tailandia aún no ha puesto en escena para ellos.
Estas islas existen de verdad, y ninguna exige una expedición heroica para llegar. Lo que exigen es renunciar a la comodidad de un vuelo directo y un gran resort, y aceptar que un ferry tiene su propio horario, que la conexión a internet será a veces poco fiable, y que la cena puede depender de lo que el barco pesquero haya traído esa misma mañana.
Koh Mak: la isla que dijo no a las motos
Koh Mak, en el archipiélago de Trat, está gobernada en gran parte por dos familias que cultivan caucho y coco desde hace generaciones, y que decidieron colectivamente, hace más de veinte años, limitar el desarrollo turístico. El resultado concreto: sin discotecas, transporte limitado casi todo a bicicletas y algunos songthaews eléctricos, y playas —Ao Suan Yai, Ao Kao— que permanecen tranquilas incluso en el pico de diciembre. Se puede recorrer la isla entera en bicicleta en una hora, lo que dice mucho sobre su escala real.
La mejor época va de noviembre a abril, evitando idealmente las primeras semanas de diciembre, cuando llegan las familias tailandesas por Año Nuevo. Se cruza en lancha rápida desde Laem Ngop (una hora aproximadamente) o en ferri más lento desde el mismo embarcadero, al que se llega en autobús nocturno o vuelo corto desde Bangkok hasta Trat. La isla no tiene aeropuerto, y eso es precisamente lo que la protege.
Koh Kood: la última gran isla que nunca se sobreconstruyó
Más al sur, Koh Kood (también escrita Ko Kut) es la segunda isla más grande de Tailandia después de Phuket, y sin embargo tiene una fracción de su población y una décima parte de sus visitantes. Las carreteras solo están asfaltadas en parte del recorrido de la isla; el resto se recorre en pickup alquilado o 4x4. La cascada de Klong Chao, a la que se llega por un sendero sombreado desde el pueblo homónimo, todavía se visita sin colas entre semana, y las aguas turquesa de Ao Bang Bao esconden un pueblo de pescadores sobre pilotes que sigue funcionando como puerto de trabajo, no como decorado.
La isla se conecta por ferri directo desde Trat (aproximadamente 1h30) o mediante una combinación de autobús y barco desde Bangkok que organizan la mayoría de los alojamientos. La temporada alta, de noviembre a abril, es fiable; el monzón (junio a octubre) cierra algunos servicios y puede hacer las travesías complicadas para embarcaciones pequeñas: un factor real de planificación, no un detalle menor.
Koh Phayam: el mar de Andamán sin las multitudes de Phuket
En la costa opuesta, frente a Ranong en el mar de Andamán, Koh Phayam se mantiene fuera del radar sobre todo porque no encaja fácilmente en una ruta clásica del sur de Tailandia, y eso es exactamente lo que preserva su carácter. Los cocoteros siguen sosteniendo la economía local, los cerdos salvajes cruzan a veces las pocas carreteras sin asfaltar, y Ao Yai, su playa principal, se extiende casi tres kilómetros sin apenas construcciones permanentes.
Se accede en barco desde el puerto de Ranong, que a su vez se alcanza desde Bangkok en vuelo directo (75 minutos) o autobús nocturno. La temporada seca (noviembre a abril) es, con diferencia, la más fiable; el monzón golpea con fuerza la costa de Andamán.
Koh Yao Noi y Koh Jum: un mundo aparte entre Phuket y Krabi
Encajadas literalmente entre los dos polos turísticos más concurridos del sur —Phuket y Krabi—, Koh Yao Noi y Koh Jum demuestran que una isla puede ser geográficamente central y seguir siendo culturalmente aparte. Ambas son de mayoría musulmana, viven de la pesca y de pequeñas plantaciones de caucho, y de hecho mantienen el alcohol fuera de la vida cotidiana salvo en algunos locales orientados a visitantes: un dato cultural que se respeta, no un obstáculo que se rodea.
Koh Yao Noi ofrece vistas directas a los famosos karsts calizos de la bahía de Phang Nga sin convertirse ella misma en un decorado saturado; los kayaks se alquilan fácilmente para explorar los manglares al amanecer, cuando la luz rasante esculpe los acantilados. Koh Jum, más pequeña y más rústica, apenas tiene un puñado de bungalós frente a la playa y una carretera interior todavía en parte sin asfaltar: cuesta llegar, pero recompensa con un silencio casi total fuera de los meses de mayor afluencia.
Viajar por estas islas sin romper su equilibrio
Lo que protege estos destinos no es una casualidad geográfica: es una combinación de acceso deliberadamente limitado, economías locales que no dependen únicamente del turismo, y decisiones urbanísticas que han rechazado los hoteles de gran capacidad. El viajero que quiera que ese equilibrio dure preferirá los alojamientos familiares frente a las cadenas internacionales, no exigirá infraestructuras que no existen (aire acondicionado permanente, wifi de alta velocidad garantizado), y aceptará que la electricidad a veces se corte por la noche en las islas más pequeñas.
Reservar pensión completa con una familia local, alquilar una bicicleta en lugar de una moto ruidosa, comer en los puestos del pueblo en vez de en los pocos restaurantes de estilo internacional: son elecciones sencillas, y con el tiempo marcan la diferencia entre visitar una isla tranquila y, poco a poco, convertirla en la próxima isla saturada.